Oración del Alma de Cristo

Centro Ignaciano de Reflexión y Espiritualidad


Ignacio encabeza el libro de los Ejercicios Espirituales con la oración del Alma de Cristo, una oración antigua medieval (siglo XIV) a la que le tenía una muy especial devoción.

 

Esta oración puede ayudar a situarte en tu realidad y, desde ella, entablar un diálogo sincero con Dios.

 

Con un corazón abierto y vulnerable, sabiéndote en la presencia de un Padre Misericordioso, quizás en medio de las dudas que dejan la vida inquieta, una oportunidad de colocarte delante de Dios, sin tratar de buscar respuestas ni hacer promesas, sino tan sólo estar en su Presencia desde la sinceridad…

  • Detenerse con sencillez e ir encontrando nuevas significaciones en esta oración, sin afán… para que se pueda hallar la profundidad de esta inmensidad y saber que detrás de unas palabras aprendidas… se oculta una gran riqueza y se descubre un gran tesoro… que da otro sabor y saber...

Los problemas de la vida, la falta de aliento, de estancamiento en la vida espiritual, la presencia del cansancio en la propia vida, el desánimo frente a la propia mediocridad…  lanza la consigna… Alma de Cristo… santifícame

 

Los problemas del cuerpo, cuando uno siente que el cuerpo es un estorbo y una dificultad; cuando se da la contradicción entre lo que se quiere y lo que se hace, entre los deseos y la realidad; cuando se comienza a constatar la falta de fuerza física y

las correspondientes limitaciones… Cuerpo de Cristo… sálvame

 

Los problemas de tibieza, de demasiado cálculo en la propia vida, de egoísmo, de búsqueda de comodidad; cuando uno está consciente de la falta de generosidad y de la falta de mayor compromiso en su vida, de la falta de entrega y de la desolación…

Sangre de Cristo… embriágame 

 

El problema del pecado y de las mismas recaídas, los malos hábitos, el engaño sobre la propia vida; otras veces, un pasado que pesa demasiado y que aún hace sentir sucio y falso… Agua del costado de Cristo… lávame

 

Los problemas de dolor, de dificultades exteriores e interiores, propias y ajenas; la dificultad de controlar los propios sentimientos, los miedos, los aburrimientos, las tristezas; el temor frente a las dificultades y el horror frente al dolor… Pasión de Cristo… confórtame

 

Los problemas de oración, cuando la verdad es que no se cree del todo ni a fondo, o porque no se sabe rezar o porque se siente que Jesús no escucha, o porque no se cree en la misericordia… Oh buen Jesús… óyeme

 

Los problemas de la superficialidad al percibir que no se vive en profundidad, o que uno vive tal como es modelado por otros; que uno vive condicionado, excesivamente esclavo de las circunstancias que lo rodean; que se vive sin coherencia y sólo hacia fuera, sin profundidad y convicción… Dentro de Tus llagas… escóndeme

 

Los problemas de la afectividad espiritual cuando se comprende, pero no se siente, cuando se predica, pero no se conmueve; cuando la fe se vuelva demasiado fría, excesivamente racional; cuando la Persona de Jesús se ha vuelto un concepto o una idea; quizás hubo un pasado cuando uno gozaba en la presencia de la cercanía divina pero ahora ha entrado la amargura, el cinismo para poder sobrevivir sin dolor y sin demasiadas preguntas… No permitas que me aparte de Ti

 

Los problemas de una situación difícil y agobiante, cuando uno es débil ante las tentaciones del maligno… Del enemigo… defiéndeme

 

En la hora de mi muerte… llámame

y mándame ir a Ti

para que con tus santos

te alabe por los siglos de los siglos.

Amén. 

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