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Pascua… tiempo de hacerme consciente del paso de Dios

Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios


El paso de Dios, parece en ocasiones el paso de un perdedor. En lógica humana no es posible que escoja como terreno privilegiado el último lugar, se dedique con pasión a lo que cuesta: servir; no hace sentir su valía por aquello de “¿no sabes quién soy yo?”, se deja arrinconar tanto en el pesebre como en la cruz. Dios es como sin-sentido, y ahora en la pascua dedicado a los que andan llenos de lágrimas, duelos, desesperanzas, dudas. SI. La apuesta de Dios es por los amigos, y en la iniciativa de desarrollar un oficio: remendar historias, tejer comunidades, alumbrar oscuridades, fortalecer debilidades, apostar por aquellos que para muchos son de poca valía. Todo con esa pasión de tocar el corazón, a través de consolar.

 

Consolar es animar el anhelo de lo infinito ¿no tendremos necesidad de mirar el horizonte? Creo, miramos muchas pantallas (TV, Computadores y teléfonos) pero poco levantamos la vista a ver en horizonte una noche estrellada. Por todas partes prevalece la obsesión del logro inmediato de bienestar y del gozo fugaz; siempre atraídos y desgastados por pequeñas y variadas esperanzas, con las cuales se acorta y empobrece el horizonte de la vida.

 

La tarea del resucitado despierta una pasión por ser libres y vivir en libertad (Gal 5). Un trabajo de mayor responsabilidad por las realidades de hermano-as nuestro-as que necesitan solidaridad, amistad, amor… La vivencia en profundidad del gozo compartido y disfrutado, de armonía y paz del corazón, de la fiesta desbordante, de la solidaridad en el esfuerzo y en la victoria, de la creación artística y de la belleza que abre a otros mundos, es un tesoro de gran valor, si en verdad descubrimos y dejamos a Dios ser Dios por medio de la experiencia de no tener afán, de ir despacio, propio del dinamismo silencioso divino, y si somos conscientes del ser creaturas, puesto que al ser seres finitos, que gustan y sienten aquello de estar siendo trabajados en lo secreto por el infinito.

 

A la luz de la misma Palabra, una invitación que puede inspirar bastante a ir mar adentro, como siempre pide el Señor, si se cree en él… secundar una iniciativa y dejar el resultado como si viniera del mismo Señor, pero todo está en el propio querer y libertad.

 

 

1. “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a Toda la creación” Mc 16,15

 

Llegas como una brisa de aire fresco

para arrastrar el polvo que no me deja ver.

Y una corriente de vida descubre en mí

tu belleza escondida que quiere salir,

para abrirme a la belleza de la creación,

del corazón humano, a mi propia vida,

y así ser juntos un canto de vida al universo.

 

Creer en ti complica la vida. También es verdad que a veces el testimonio de los que decimos creer en ti no es nada entusiasmante, y en muchos momentos va acompañado de posturas que contradecían tu mensaje y tu vida.

 

Llama la atención la expresión de proclamar el Evangelio a toda la creación, porque es buena noticia para todo el cosmos, y en la medida de la capacidad de acogida a la vida y al estilo de Dios, nuestra vida está llamada a ser diferente, a optar por lo bueno y lo bello, a ser defensores de vida, de toda vida, y no destructores de ella. La dificultad aparece en llevar a término la solidaridad con los seres humanos, con una mayor sensibilidad hacia la naturaleza, en el cuidado de la creación, en el jardín donde nos movemos y existimos… ojalá sea para que ayudemos a cuidar y no destruir, a cooperar y no acabar este teatro de la existencia vital. Que ojalá nuestra contribución esté marcada por la belleza – que salvará al mundo- y no la propia eliminación junto a ella.

 

En medio de este mundo de cambios tan fuertes, sí que es necesaria la valentía, la coherencia del testigo, la honestidad con el mensaje para ser mensajeros (discípulos-misioneros) del evangelio. No basta con palabras bonitas, ni con deseos buenos. Es necesario tener presente el espacio interior en el que hay incoherencias propias, sumado a ello el ambiente en el que vivimos y que influye mucho. Cuanta necesidad de estar conectados con la presencia del resucitado, para dejar que una vez más el corazón se renueve, se alimente para la jornada compleja de relaciones con este mundo que ansía otras propuestas vitales. ¿Cuánto queremos ayudar a llevar el aire fresco del Espíritu para impulsar el deseo de aportar vida?.

 

Hoy más que nunca es necesario tener claridad en el corazón, para no dudar ante los tropiezos y cansancio que llegan. La incredulidad, la comodidad, las palabras bienintencionadas pero huecas, paralizan el deseo de dar a conocer al Señor. Más allá de los miedos, los temores, las dudas, el sigue invitando al trabajo (EE 95) con él, por ahí está la invitación a ser portavoces de la buena noticia para toda la creación.

 

 

2. “La paz esté con ustedes” Jn 19,19.20.26.

 

La iniciativa del Señor resucitado es dar paz… pero poco eco tanto en los primeros cristianos, como en nosotros. Necios, incrédulos, dudosos, encerrados…. De nada vale que sople el Espíritu, que repita el saludo… si seguimos envueltos en los propios prejuicios e intereses. Es un imperativo personal y común salir del propio amor, querer e interés (EE 189) 

 

Hoy, al igual que en otros momentos de la historia seguimos sometidos a muchos miedos que atan, paralizan y desfiguran la realidad; influenciados por el qué dirán de la moda del momento o del influenciador (sea del estilo que sea) que no nos deja manifestar con gozo y fuerza como seguidores del Señor de la Historia y al vida, muchos prefieren pasar un tanto desapercibidos, casi pidiendo perdón u ofreciendo excusas, por ser lo que somos o creer lo que creemos, porque no es lo que el ambiente mayoritario vive. Hay una incoherencia sistémica entre el decir y el hacer… se hace muchas veces cosas contrarias al evangelio en nombre del mismo Dios… Y hasta haciendo concesiones, justificando actuaciones, defendiendo mediocridades de todo tipo y con mezclas de todo un poco y todo vale para conjugar mejor las cosas y quedar bien con todos.

 

El Señor conoce muy bien las barreras, impedimentos, encerramientos y sin embargo, desde esa realidad invita a resquebrajar las barreras del miedo, ofrece paz, y envía al mundo de hoy, a ser portadores amor y de perdón. El Señor cree en los seres humanos, pero muchas veces creemos más en los ídolos de pacotilla, pero no en lo que en realidad necesita la humanidad. Si fuera un influenciador de otro tipo allí estaríamos dispuestos a todo, pero como el Señor no pide nada a cambio… se permanece atados al encerramiento y la comodidad, con un simple decir que se está de acuerdo, pero que en otra ocasión oportuna. 

 

Paz, amor, perdón. Buen trío para aportar vida a la vida de este mundo. En nuestro pequeño mundo personal y de las relaciones humanas -reales y virtuales- que se desangra por todos los costados, en ocasiones -bien Pilatos somos- cómplices y sutilmente partidarios de la violencia, odios y rechazos, indiferencia e incapacidad de restañar las heridas con el bálsamo de la generosidad y de la misericordia; sin embargo, el resucitado mostrando sus heridas… envía a ser sanadores de este mundo herido. Apuesta compleja de Dios por nosotros, a ver si damos una mano amiga y testigos creíbles de un mundo distinto.

 

No importa. No hay nada de qué avergonzarnos. Llamados a ser portadores de lo mejor. De lo que está en el fondo de cada corazón humano, que ansiamos de alguna manera pero que no sabemos cómo asumir en la vida y en la historia. Mas la invitación es latente y urgente a acoger en él y desde él, un auténtico mensaje de alegría y de esperanza, que transforma la realidad, porque El ha vencido la fuerza del mal con la fuerza indestructible del amor, aunque veamos otras cosas.

 

El resucitado es garantía de fuerza y apoyo, de presencia en el caminar. ¿vale la pena y tiene sentido el seguir hablando de vida, de amor, de perdón, de paz? Si, aunque todo parezca en contra, sigue viva la perspectiva de la esperanza, ventana abierta a un nuevo amanecer personal y en el mundo en el que compartimos la lucha por la vida.

 

Con la resurrección se garantiza la presencia del Señor, pero no ahorra ningún esfuerzo; ni dificultades, tampoco contradicciones, mucho menos los cansancios y decepciones personales y comunes. El resucitado está ahí, aunque las puertas estén cerradas, abriendo pasos con su paz para animar el empeño de construir lo bueno, de hacer el bien, y de poner, en todo y en todos, vida. Es la paz, que sabe a pan de sudores, a vida en abundancia… (Jn10,10).

 

 

3. “Echen la red” Jn 21,6.

 

No es al estilo del enemigo que echa redes y cadenas (EE 142), sino la invitación de quien conoce las durezas de la vida, las fatigas para conseguir el pan de cada día, la alegría de recibir buena paga por la generosidad del amo, la sorpresa de encontrar lo perdido y la alegría de participar de la fiesta…

 

Hoy, el Señor, se acerca a nosotros, está en la orilla de nuestras vidas. El sigue moviendo y arrastrando la fuerza y la certeza de quienes han trabajado con él y han pasado por penas y glorias (EE 95) más allá de las negaciones y traiciones, de la sordera a las llamadas, saben que en el fondo del corazón está el fuego del amor, con el deseo de acompasar la vida al ritmo del compañero y amigo que todo lo sabe y no juzga a nadie. 

 

Ser Hombres y mujeres que dan lo mejor de sí, para hacerle presente con nuestras vidas, dando y compartiendo lo que somos y lo que tenemos. Que seguimos, confiados en ti, echando las redes de su amor en los mares oscuros y aparentemente sin vida de este mundo, pero que esconden más fruto de lo que parece y de lo que pensamos.

 

En muchos momentos, situaciones, lecturas, exámenes de la vida hemos gustado y sentido al Señor resucitado. Se ha despertado el corazón y hemos sido evangelizados por Él. De pronto hemos hecho algo con empeño en la tarea compartida. Sin embargo, como aquellos discípulos volvemos a la tarea anterior ¡voy a pescar!... vale la pena mirar dentro si vivimos los días de la vida como si ella fuera solo ordinaria y monótona? ¿Por qué vivimos cómo si la resurrección no hubiera ocurrido? Pero el Espíritu Santo nos impulsa a esparcir la Buena Nueva. Nada puede ser “ordinario” nuevamente.

 

En medio de la pesca, cuando los invitan a echar la red… Juan reconoce a Jesús y lo señala a los otros, Pedro se lanza para llegar primero a la orilla, los otros arrastran la red… pareciera que van desolados, aunque están ocupados y abiertos a la sabiduría de un foráneo. La noche más allá de los esfuerzos infructuosos, no impide todo se intente de nuevo.

 

El Señor, siempre mantiene la iniciativa, otra cosa es que andemos distraídos o atendiendo otras preocupaciones que no lo son del todo… El invita "a ir y tomar desayuno". Somos compañeros de mesa. El es nuestro invitado invisible. Nuestra mesa sea un espacio sagrado que nos recuerde la importancia de la hospitalidad y solidaridad con los hambrientos...

 

Al igual que los discípulos, si alguien dice “es el Señor” enseguida respondamos con ánimo y generosidad “como quien ofrece afectándose mucho” (EE 234). La respuesta amorosa al reconocer una vez más el Camino Vivo, y el encuentro con muchos peregrinos en el camino, que cruzan muchas veces al día. Nuestra contribución sea con lo que pueda... y al mismo tiempo, con todos los sentidos porque hay aroma a buen desayuno e invitación a compartir con otros discípulos-misioneros la tarea de ser colaboradores de la misión… ir a echar la red… porque otros han traído cosecha de lo pescado y está ardiendo el fuego –que reestablece la comunión, más allá de la negación ante otras brasas, se reúnen en torno al fuego, para saciarse en su presencia tras reconocerlo- Ahora la tarea de ser pescaodres nuevos, porque hay muchos otros lugares y situaciones donde se puede ir con la buena noticia.

 

Pescaodres: Un juego de palabras…. Pescadores y odres…. NUEVOS…

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Comentarios: 1
  • #1

    Liliana (domingo, 25 abril 2021 12:48)

    lipalacino@gmail.com