Una inspiradora lección de ética ciudadana

 Autor: Jorge Humberto Peláez S.J.

 

Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20
  • Carta del apóstol Santiago 3, 16—4, 3
  • Marcos 9, 30-37

Los colombianos estamos empezando a descubrir algo que el ruido del conflicto y el humo de los enfrentamientos armados nos impedían ver: una profunda crisis ética que se expresa en muchos escenarios de la vida social: corrupción, evasión fiscal, inequidad y concentración de la riqueza, violencia intrafamiliar, comercio sexual de personas particularmente de menores de edad, etc. La lista es muy larga. La crisis ética estaba frente a nosotros, pero éramos incapaces de verla porque nuestra preocupación era negociar con los grupos armados.

Las lecturas de este domingo nos aportan elementos muy ricos para reflexionar sobre la ética y los valores. Tenemos el reto de desarrollar una ética ciudadana que nos permita convivir civilizadamente en medio del pluralismo y la diversidad. Si no logramos unos consensos básicos, saltará en mil pedazos el sueño de vivir en un país reconciliado e incluyente.

 

¿Qué elementos encontramos en el Libro de la Sabiduría que iluminen nuestra meditación sobre la ética ciudadana?

  • El texto empieza con unas frases que parecen pronunciadas por aquellos que están empeñados en exterminar a los líderes sociales comprometidos con la devolución de las tierras que les fueron arrebatadas por los actores armados: “Los malvados dijeron entre sí: Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados”.
  • Las personas honestas estorban en muchas organizaciones. Los que reivindican los derechos humanos son personajes incómodos en un país en el que la ausencia del Estado permitió que se instalara el poder de peligrosas organizaciones.
  • Las personas honestas, que no hacen concesiones a la inmoralidad, son objeto de presiones para silenciarlas. Las estrategias utilizadas son múltiples; los malos son muy creativos: halagos, ofrecimientos, rumores y calumnias, amenazas laborales, hasta llegar a la violencia física.

¿Qué hacer frente a esta infección que ha contaminado todo el cuerpo social? En su Carta, el apóstol Santiago hace unas observaciones muy pertinentes:

 

  • Pregunta el apóstol a los destinatarios de su Carta: “¿De dónde vienen las luchas y conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra”.
  • Parecería que el apóstol Santiago estuviera describiendo los lamentables destrozos causados por el narcotráfico y su cultura traqueta, donde las palabras ambición y codicia encabezan su diccionario.
  • Después de hacer esta cruda descripción, el apóstol Santiago describe los aportes a la vida social que se pueden hacer desde una adecuada formación religiosa, sin fundamentalismos y con la apertura que ha caracterizado las enseñanzas del Papa Francisco. Dice el apóstol: “Los que tienen la sabiduría que viene de Dios (…) son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia”.

Es necesario, entonces, hacer una amplia convocatoria social para sembrar las semillas de una ética ciudadana basada en el respeto a la vida, que reconozca los derechos fundamentales y en la que el bien común esté por encima de los intereses individuales. A través de una comunicación adecuada, los miembros de la comunidad entenderán que ser pillo no paga, que la ética ciudadana es un excelente negocio para la sociedad pues garantiza la adecuada prestación de los servicios públicos y la recta ejecución de los presupuestos para resolver los problemas de la comunidad. La corrupción se apodera de los recursos, multiplica los costos y demora la entrega de las obras.

 

El relato del evangelista Marcos enriquece nuestra reflexión sobre la ética y los valores. Allí leemos un interesante diálogo de Jesús con sus discípulos, quienes habían estado discutiendo sobre quién de ellos era el más importante. Para Jesús, que era el Hijo eterno del Padre que se había despojado de los atributos de la divinidad, esta discusión carecía de sentido. Sus discípulos estaban perdidos si esa era su aspiración. Por eso les da una lección que sigue vigente después de dos mil años: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

 

Se trata de una inspiradora lección de ética política. El servicio público no debería ser para satisfacer las vanidades personales ni para enriquecerse. Es para servir a la comunidad. Infortunadamente, el acceso a los puestos públicos no suele ser por el camino de la meritocracia, sino que está precedido por unos procesos electorales absurdamente costosos en los que invierten los contratistas del Estado, quienes esperan recoger con creces el fruto de sus inversiones. Así se pierde el sentido de la política como un servicio a la comunidad para convertirse en el retorno a una inversión.

 

Terminemos nuestra meditación dominical, que partió del texto del libro de la Sabiduría, donde los corruptos buscan silenciar las voces honestas que se oponen a sus siniestros planes. Y concluimos con el texto evangélico donde comprendimos que el espíritu de servicio debe ser el rasgo distintivo de aquellos que pretenden ser líderes de la comunidad. La liturgia de este domingo nos ha ofrecido una inspiradora lección de ética ciudadana.


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