¿Cómo asumir nuestras limitaciones?

 Autor: Jorge Humberto Peláez S.J.

 

Lecturas:

  • Profeta Isaías 35, 4-7
  • Carta del apóstol Santiago 2, 1-5
  • Marcos 7, 31-37

Los seres humanos somos limitados y nuestras limitaciones son de muy diversa naturaleza: físicas, intelectuales, afectivas, educativas, económicas… La lista sería interminable. En la vida diaria tropezamos con ellas y nos recuerdan que no podemos hacer todo lo que quisiéramos.

Estas limitaciones hacen parte de nuestra condición humana. Lo más importante es preguntarnos cómo las afrontamos y cómo convivimos con ellas:

  • Hay personas que son absolutamente pasivas ante sus limitaciones y las viven como algo que les fue asignado por la ruleta caprichosa del destino. Con frecuencia, encontramos esta mentalidad en las familias campesinas que viven su pobreza con una resignación mal entendida. Están postradas en su pobreza y no actúan para salir de ella.
  • Hay otras personas que niegan sus limitaciones y emprenden proyectos que están por encima de sus capacidades. Al no ser conscientes de los propios límites, construyen ilusiones que tienen la fragilidad de una pompa de jabón.
  • Hay quienes, conscientes de sus límites, continuamente afirman “pobrecito yo que tengo que padecer esta calamidad”, y cultivan resentimientos que les amargan la vida a ellos ya su entorno familiar.
  • Finalmente, están aquellas personas que son conscientes de sus limitaciones y también de sus cualidades. Frente a las limitaciones, superan las que son superables; y aceptan con paz aquellas condiciones que no se pueden modificar; frente a las cualidades, las potencian para así compensar y realizarse en otras áreas. Esta manera de construir el proyecto de vida, mirando la realidad, se llama madurez. Todos conocemos inspiradores ejemplos de personas que no se han dejado vencer por sus discapacidades y han logrado realizarse a pesar de mil obstáculos. Actualmente, se usa la palabra resiliencia para describir esta capacidad de superación.

En las lecturas de hoy se nos describe cómo interviene Dios, de diversas maneras, para que los seres humanos podamos superar nuestras limitaciones. Literalmente, estos textos se refieren a limitaciones físicas. El Señor cura a los ciegos, sordos y mudos. Pero una interpretación más amplia de estos pasajes bíblicos nos permite ir más allá de estas realidades físicas.

 

En el texto del profeta Isaías, encontramos una exhortación a no dejarnos agobiar por las limitaciones que nos impiden avanzar en la vida: “Digan a los de corazón apocado: ¡Ánimo! No teman. He aquí que su Dios viene ya a salvarlos”. Es un llamado a la resiliencia. No estamos solos. El Señor camina a nuestro lado.

 

Para poder afrontar con madurez humana y cristiana nuestras limitaciones y convertirlas en oportunidades de crecimiento y realización, es necesario superar la mentalidad materialista que solamente reconoce y valora lo que produce dinero. Esto es un error. Pensemos, por ejemplo, en el inmenso aporte de los abuelos; aunque ya no son proveedores de bienes materiales, aportan amor, valores, seguridad, identidad. Muchos de ellos, aunque limitados por los achaques de la vejez, son faros de luz en medio de la oscuridad de una sociedad excluyente.

 

El evangelio de Marcos nos presenta una escena en la que Jesús se encuentra con un sordo que tenía grandes limitaciones para comunicarse. El evangelista registra minuciosamente los gestos y las palabras de Jesús que permitieron que sus oídos se abrieran y pudiera hablar sin dificultad.

 

Más allá de la acción curativa, hay un potente mensaje de Jesús como liberador de todo aquello que nos limita e impide avanzar por el camino del Señor. Al explicar estos textos, los predicadores y catequistas han profundizado en el simbolismo de estas imágenes: ¿Qué significa, en términos espirituales, ser ciego, sordo y mudo?

 

¡Hay tantas cosas que nos bloquean para interpretar con objetividad lo que sucede a nuestro alrededor! Y estos bloqueos afectan nuestras relaciones interpersonales y la experiencia religiosa:

  • Los prejuicios nos impiden ver, juzgar y actuar correctamente. Las redes sociales son un lamentable vehículo para circular juicios cargados de pasión y falsedad.
  • En el ámbito religioso, experiencias negativas de Iglesia y el escándalo de sus ministros pueden conducir a dolorosas rupturas en la experiencia de la fe. Eso lo estamos viendo, con profunda desolación, al conocerse el vergonzoso comportamiento de sacerdotes y obispos que abusaron de menores de edad y/o ocultaron estas conductas. Debemos orar por el Papa Francisco, quien ha sido víctima de ataques despiadados. El Papa está totalmente comprometido con la purificación de la Iglesia. Su política de tolerancia cero frente a estos comportamientos debe ir acompañada de acciones contundentes.
  • Que la gravedad de los hechos no vaya a bloquear nuestra capacidad de juicio. Debemos preguntarnos qué nos pide el Señor en este momento tan difícil de la vida de la Iglesia.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical, que hemos enfocado sobre el manejo de nuestras limitaciones, las cuales, con la ayuda del Señor, pueden ser convertidas en oportunidades de crecimiento y superación. No podemos sentirnos derrotados. Junto a nosotros y junto a la Iglesia que sufre está el Señor que nos dice, como al personaje del evangelio, ¡Éfeta! (¡ábrete!), liberándonos así de todo aquello que nos impide avanzar.


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