La inspiradora imagen del Buen Pastor

 Autor: Jorge Humberto Peláez S.J.

 

Lecturas:

  • Hechos de los Apóstoles 4, 8-12
  • I Carta de san Juan 3, 1-2
  • Juan 10, 11-18

La liturgia de este domingo se desarrolla alrededor de la figura del Buen Pastor, que es de gran riqueza simbólica. Para los cristianos de los primeros siglos, esta figura era la que mejor representaba su comprensión de la persona y la misión de Jesús. Por eso es muy frecuente encontrarla en las tumbas cristianas, en las pinturas y mosaicos de las iglesias.

¿Cómo se explica esta preferencia representativa? Ciertamente, la economía de las comunidades tenía, como principal fuente de ingresos, las actividades agropecuarias. Por eso la figura del pastor les era muy familiar: valoraban su trabajo y conocían sus responsabilidades y riesgos. Distinguían con claridad quién era un buen pastor y quién no lo era. De ahí el acierto de Jesús al usar esta imagen sencilla y elocuente sobre el tipo de relación de Él con la Iglesia de todos los tiempos.

 

Cuando leemos este texto, descubrimos que el Señor está comunicando un doble mensaje:

  • En primer lugar, nos está explicando el tipo de relación que establece con nosotros;
  • y, en segundo lugar, está dando unas orientaciones muy precisas a los líderes espirituales de las comunidades, sacerdotes y obispos, sobre las responsabilidades que deben asumir con sus feligreses y el modelo de relación que va mucho más allá de lo puramente funcional y administrativo.

 

Los invito a meditar en el significado de esta imagen respecto a la persona y la misión del Señor.

 

“El Buen Pastor da la vida por las ovejas”. No se trata de palabras retóricas sino de una anticipación de lo que sucedería el Viernes Santo, cuando los dirigentes religiosos de Israel, como lobos hambrientos, lo acosaron hasta causarle la muerte en la cruz. Jesús asumió, con amor y obediencia, la misión que le había confiado el Padre de reconciliar a la humanidad.

 

Cuando leemos el relato de la Pasión, quedamos profundamente conmovidos ante la contundencia de las respuestas que da a quienes lo interrogaban. No responde con evasivas que le permitieran salvar su vida. Enfrenta con valor y dignidad la jauría de lobos que lo querían matar.

 

¿A qué se refiere el Señor cuando habla de asalariados que no son auténticos pastores? Con estas palabras está denunciando el falso liderazgo de quienes dicen estar comprometidos con las comunidades, pero que son simplemente unos oportunistas que se aprovechan de la confianza de la gente para lograr beneficios personales.

 

Otro rasgo que Jesús quiere manifestar sobre su persona y su misión es el conocimiento mutuo: “Conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí”. Estas palabras nos llenan de alegría y paz: nuestro Señor y Salvador sabe quién es cada uno de nosotros, la historia personal, los obstáculos que se nos presentan, las debilidades que padecemos. Cuando hablamos con Él en la oración no tenemos que contarle largas historias ni entrar en prolijas descripciones.Por eso la oración no consiste en discursos, sino estar en su presencia con confianza y disponibles a la acción del Espíritu Santo en nosotros.

 

Conviene detenernos a degustar esta afirmación: “Conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí”. ¿Qué somos nosotros en el contexto del universo? Menos que un grano de arena. Y, a pesar de nuestra pequeñez, somos importantes para Dios. Por eso el apóstol Juan nos recuerda en su I Carta que acabamos de escuchar: “No sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos”. A pesar del abismo infinito que separa al Creador y sus creaturas, tenemos total cercanía con nuestro Padre común, gracias a que el Buen Pastor dio su vida por nosotros.

 

En este inspirador relato del Buen Pastor, el Señor dirige sus ojos más allá del pueblo de Israel, primer destinatario de la promesa: “Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y uno solo pastor”.

 

Estas palabras nos muestran la universalidad del mensaje de salvación. A propósito de este texto es necesario recordar que la Iglesia ha evolucionado en cuanto a su interpretación; por ejemplo, respecto a la Iglesia ortodoxa y las Iglesias reformadas, se ha pasado de la confrontación a un diálogo que destaca los puntos de comunión y los campos de trabajo conjunto frente a los problemas que amenazan a la humanidad. Y respecto a las relaciones con otras religiones que están fuera del ámbito cristiano, el anuncio evangelizador acentúa el testimonio de los valores del Cristianismo más que buscar conversiones, y la identificación de elementos comunes respecto a las diferentes tradiciones espirituales.

 

Decíamos al comienzo de esta meditación que en este relato del Buen Pastor el Señor nos está comunicando un doble mensaje: En primer lugar, nos explica el tipo de relación que establece con nosotros; y, en segundo lugar, está dando unas orientaciones muy precisas a los pastores de la Iglesia.

 

Las enseñanzas del Papa Francisco se han inspirado en estas palabras del Maestro y ha dado recomendaciones enérgicas a los pastores dela Iglesia, que no deben comportarse como burócratas, sino que deben compartir la vida de sus comunidades. Para ello ha utilizado una expresión que todavía resuena en los oídos de muchos: los pastores deben oler a oveja. El estilo pastoral del Papa Francisco a lo largo de su vida le da la autoridad moral para hacer tal afirmación.

 

La comunidad necesita pastores cercanos, que compartan sus alegrías y tristezas y que anuncien el gozo del Evangelio en conexión con la vida real.

 

En la medida de lo posible, hay que personalizar el anuncio del Evangelio. Hay sacerdotes que tienen homilías prefabricadas que pronuncian en los matrimonios y entierros sin preocuparse por averiguar algún aspecto concreto de las historias de vida de estas personas. Esta descontextualización conduce a afirmaciones desacertadas que producen desconcierto y llegan hasta hacer el ridículo. Nosotros los pastores debemos tomar muy enserio estas palabras del Señor: “Yo soy el Buen Pastor porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí”.

 

En esta fiesta del Buen Pastor pidamos por las vocaciones sacerdotales, de manera que el Señor bendiga a su Iglesia con sacerdotes comprometidos con sus comunidades y den testimonio del Señor resucitado.


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