Experiencias extremas de Abrahán

 Autor: Jorge Humberto Peláez S.J.

 

Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 18, 6-9
  • Carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19
  • Lucas 12, 32-48

Al escuchar las lecturas de este domingo, nos llaman poderosamente la atención los comentarios que hace el autor de la Carta a los Hebreos sobre la fe de Abrahán. Destaca momentos particularmente intensos de la experiencia de vida de este patriarca y cómo en todo momento pronunció un SÍ incondicional al plan de Dios, aunque la lógica humana señalaba en otra dirección

Por esos designios misteriosos de la Providencia, Dios puso sus ojos en este pastor nómada, y lo escogió para que fuera el punto de partida de una relación totalmente nueva entre Dios y la humanidad. Sus descendientes serán el pueblo escogido, y nosotros, seguidores del Señor Jesús, lo reconocemos como nuestro padre en la fe.

 

Las programadoras de TV buscan cautivar a la audiencia ofreciendo aventuras  en las que los protagonistas deben superar pruebas en condiciones extremas. Con frecuencia, estas series de TV tienen como escenario una isla alejada de las comodidades de la civilización; los protagonistas deben encontrar la comida, cruzar ríos, improvisar refugios para pasar la noche.

 

Al leer las experiencias de vida de Abrahán, lo consideramos como un pionero  de estos programas de aventuras extremas. Abrahán era un pastor nómada que había acumulado un patrimonio importante, y llevaba una vida relativamente  cómoda para los estándares de la época. Siendo un hombre de avanzada edad, el Señor lo invita a emprender un viaje hacia tierras desconocidas. Leemos en la Carta a los Hebreos: “Por su fe, Abrahán, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que había de recibir como herencia. Por la fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña”.

 

El llamado de Dios le pidió abandonar la seguridad de lo conocido para emprender un viaje hacia lo desconocido. Y no duda en hacerlo, porque confía absolutamente en Dios. Desde el punto de vista humano, las incertidumbres eran todas, carecía de respuesta a los interrogantes básicos como hacia dónde se dirigía, cuánto tiempo duraría el viaje, qué recursos tendría, qué tipo de obstáculos debería afrontar. Lo que podía considerarse como una aventura absurda para un anciano, para Abrahán era un viaje con una póliza que cubría todos los riesgos porque el Señor era el garante.

 

Otro acontecimiento absolutamente atípico es el embarazo de Sara, su mujer. Leemos en la Carta a los Hebreos: “Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia numerosa como las estrellas  del cielo e incontable como la arena del mar”. Esta fecundidad tardía de Abrahán y Sara, que ya habían aceptado la esterilidad de su matrimonio, nos recuerda que para Dios nada es imposible. Muchas veces nos sentimos agobiados por el cansancio y la desesperanza. A través de la oración confiada, los creyentes encontraremos la fuerza para asumir en paz las batallas que son inherentes a nuestra condición humana.

 

La fe profunda de Abrahán le permite una absoluta libertad frente a los bienes materiales. A pesar de ser un hombre rico, era un hombre sin apegos. Leemos en la Carta a los Hebreos: “No alcanzan los bienes prometidos, pero los vieron y los saludaron con gozo desde lejos. Ellos reconocieron que eran extraños y peregrinos en la tierra”. ¡Inspiradora lección de Abrahán, nuestro padre en la fe! Los seres humanos buscamos la seguridad en las personas, en los lugares, en los objetos que poseemos. Por eso, cualquier pérdida nos afecta. Estos apegos desordenados a las personas, lugares y objetos nos impiden ser libres para buscar la voluntad de Dios. Por eso somos incapaces de dar respuestas incondicionales a las interpelaciones de Dios. Respondemos SÍ…PERO… Debemos aprender a viajar por la vida ligeros de equipaje. Para superar esta tendencia a acumular, deberíamos tener la sana costumbre de revisar periódicamente nuestras pertenencias  y regalar lo que no estamos usando.

 

El capítulo extremo de la fe de Abrahán lo constituye el episodio del sacrificio de Isaac: “Por su fe, Abrahán, cuando Dios lo puso a prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre”. Tenemos que confesar que  nos sentimos absolutamente desconcertados ante esta petición. Son las palabras más crueles que puede escuchar un padre. Aunque no entendemos el porqué de esta prueba, reconocemos  que la fe de Abrahán no tuvo vacilaciones ni titubeos. Es interesante el comentario que hace el autor de la Carta a los Hebreos: “Abrahán pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético”.

 

La Carta a los Hebreos nos ha permitido asomarnos tímidamente a la experiencia de fe de ese formidable personaje que es Abrahán. Para él, la fe no era – como le sucede a mucha gente – un simple sentimiento de reconocimiento de la existencia de un Ser Supremo, sino una apuesta existencial alimentada de una confianza total. Abrahán  se abre al don de la fe y es dócil a la acción de la gracia, que lo lleva a vivir experiencias únicas que desafían la lógica humana. Sigamos las huellas de nuestro padre en la fe. Dejemos a un lado las vacilaciones y cálculos egoístas. No pongamos condiciones  a la acción del Espíritu. Pronunciemos un SÍ sin reticencias.

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